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Un banco nos invita a abrir una cuenta con ellos con el atractivo grandilocuente de alcanzar la libertad. Y para ello nos cuentan una historia que a todos nos ha pasado. Nuestra madre octogenaria nos pide que la llevemos a una playa nudista. Seguramente porque tras toda una vida de estricta fidelidad conyugal, quiere sentarse en una silla de playa a ver gente en pelota picada. Lo normal ¿no?.

Aparte de una música de orquesta de cuerda bastante empalagosa podemos apreciar a varios cuarentones recibiendo la llamada de su mamá en medio de sus reuniones de trabajo. Como buenos hijos, los tres deciden llevar a su madre a la playa.

Mi idea de libertad va asociada a la ilustración. Ya sabéis, el hombre como fin en sí mismo y tal. Por eso me choca que los príncipes del capitalismo utilicen la libertad como slogan publicitario. Porque para ellos, el hombre no es un fin, sino un medio para conseguir más pasta, que es su auténtico “fin en sí mismo”. Lo más chocante es que puedes ver este spot en el intermedio de un noticiario en el que se ven los cadáveres de los inmigrantes que se han ahogado intentando cruzar el Mediterráneo buscando libertad, mientras los gobiernos (títeres de bancos como el del anuncio) les impiden la llegada. No se si ese banco tiene algo pensado para proporcionar libertad a esa pobre gente, pero mucho me temo que no.

En otras ocasiones ya he comentado anuncios de Banco Sabadell. Mi opinión no ha cambiado. Me siguen repugnando. Pero en el último me he dado cuenta de un detalle que me parece muy sintomático de lo que pasa. O al menos del tipo de gente al que va dirigido. Han escogido al tenista Rafael Nadal y al escritor John Carlin. Mantienen una conversación bastante insustancial en la que Carlin pide consejo a Nadal. Lo hacen para decirnos que podemos confiar en ellos, ya que son “buene gente” (SIC).

Lo que me ha llamado la atención es que el sentido de la conversación se ha invertido intencionadamente. Lo normal sería que el intelectual aconsejase al deportista. Se supone que a los del “corpore sano” no se les da bien lo de la “mens sana”. Que el criterio de alguien a quien le pagan por lo que piensa o dice es mejor del criterio del que le pagan por golpear una pelota. Pero en el Sabadell piensan que debe ser al contrario. O al menos, que el éxito, sea cual sea el ámbito de la vida tiene los mismos secretos y que, no faltaba más, el éxito deportivo es superior al intelectual.

Sigo pensando que las ideas subyacentes en estos spot son puro nihilismo neoliberal. La hermenéutica filosófica del Sabadell es que la verdad es lo que los fans de Nadal quieran que sea. Por eso no les doy mi (poca) pasta.

A primera vista este spot no tiene nada de lo que tanto he criticado en los anteriores posts de este blog. No hay nada que yo pueda sospechar que induzca a engaño ni promueve estilos de vida consumistas. Incluso se trata de un híbrido con bajas emisiones de CO2 y bajo consumo.
Lo que pasa es que me ha dado por pensar y me he dado cuenta que el colega va en un coche de 19000€ por las calles de una ciudad indefinida de la India, Bangladesh o Pakistán, rodeado de gente miserable y pasando totalmente de ellos.
Seguro que el creativo de turno pensó que esa situación era no sólo graciosa sino que ejemplificaba el estado de tranquilidad en el que te sumes al conducir el coche. ¿De verdad que nadie reparó en esa metáfora del “colonialismo a distancia” que supone el estilo de vida occidental? ¿No se dieron cuenta que el blanco rico va en un cómodo coche mientras los pobres van como pueden por la calle? ¿O es que les da igual y les parece gracioso?

Leo en el periódico que el anuncio televisivo de una compañía que fabrica máquinas de hacer bebidas gaseosas en casa ha sido censurado. Imaginaba que saldrían escenas violentas o sexuales, pero la realidad es que lo único que aparecían eran botellas de refrescos explotando. Nada del otro mundo.
Entonces ¿Por qué ya no se puede ver en TV? Pues porque CocaCola y Pepsi no quieren. Así de simple. Las compañías que crearon el concepto de capitalismo global temen que se les acabe escapando parte del negocio.
La verdad es que se trata de una maniobra bastante torpe, porque si no lo hubiesen censurado, no me habría enterado en la vida de la existencia de tal producto. Que, por cierto, puedes comprar en españa (o por internet) sin ningún problema. He buscado en Google y he visto que por 49€ puedes tener el kit completo: la maquina, una bombona de 60 litros de CO2 y una botella con concentrado. Puede que los fabricantes sean igual de hijos de … que CocaCola, pero merece la pena aportar un grano de arena para hacerle daño a “los malos de siempre”. Además de la satisfacción que da tomar algo preparado por uno mismo.